UN LUGAR DONDE LA DIGNIDAD HUMANA NO TERMINA, SOLO CAMBIA DE ESCENARIO
Un espacio excequial y su entorno inmediato, debe despertar la memoria y el recuerdo vivo del ser amado.
Eso define una arquitectura que no trata de la muerte, sino de la permanencia de la vida en quienes quedan.
Un edificio donde el recuerdo no se extinque ni se oscurece, sino que ilumina, se ennoblece y encuentra un escenario digno que abraza la esperanza y la mantiene presente.
De esta manera se convierte en un puente entre lo que fue y lo que transciende; entre la auscencia y la presencia emotiva; entre el dolor y la serenidad.